Opinion

La farsa de Zoé

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l último capítulo de la peripecia de los cooperantes franceses de Arca de Zoé detenidos y condenados en Chad por el intento de secuestro de 103 menores se ha cerrado con el indulto concedido por el presidente africano, una decisión del todo sorprendente no sólo ante la gravedad de los hechos imputados, sino también por la dureza con que reaccionó el régimen chadiano. El desenlace, que deja en libertad a los ciudadanos galos que cumplían ya la condena en su propio país, alimenta la sospecha de que la crisis diplomática que abrió el caso se ha zanjado con un interesado intercambio de favores políticos, judiciales y económicos entre París y Yamena. Pero la constatación de que los cooperantes actuaron de manera ilícita no debería desembocar en su liberación sin reproche alguno. Especialmente cuando su situación se ha acabado solventando de manera más rápida y satisfactoria que la de los menores afectados, que pasaron medio año internados en un orfanato.