Tesoro de Fuente Ymbro
Ni Cayetano García, del todo insuficiente, ni José Manuel Más ni Miguel Tendero llegan a inspirarse en la Feria de Fallas de Valencia
Actualizado:La novillada que Ricardo Gallardo (Fuente Ymbro) echó en Castellón hace dos semanas fue notable. Ésta de Valencia se le pareció bastante. En Castellón no llegó a saltar un novillo con la calidad y la bondad del cuarto de ayer. Sumó más el conjunto de Valencia, casi un pleno. De verdad propicio. Una chispa de picante latía en el tercero, pero sólo una. Se dejaron todos. Se adivinaban, no se resabiaron. Sin llegar al nivel de seráfica bondad del cuarto, el primero de corrida, zurrado en dos puyazos inclementes, tuvo una embestida dulcísima.
Ni primero ni cuarto llegaron a provocar a Cayetano García, torero de la tierra y el de cuota obligada en las novilladas de feria. Ni puesto, ni sin poner. Ni dispuesto, ni preparado.
Estático y fláccido, inerte como un jarrón. Los dos novillos se le fueron a Cayetano tal cual. El primero le levantó los pies del suelo. En un descuido. Del novillo. El cuarto le estuvo invitando a todo con la mirada y la postura.
Casta de García
Mucho rato pasó Cayetano con el toro. Ni buen rato ni malo. Sin darse ni conversación. Posando el torero, que iba vestido con distinción. Posiblemente de estreno. De negro y oro. No se ve futuro. Ni horizonte. Sí pasado.
Cayetano es hijo de aquel temerario Julián García salido de la estela y el estilo de El Cordobés a fines de los 60 y principios de los 70.
Hace cuarenta años. Pero aquí se rompe el principio que presume la casta en el galgo de raza. Tres puyazos cobró un segundo toro llamativo por su galope, su forma de rematar y su prontitud. Dos puntas finas, pero hechuras buenas. Enterró los pitones después de un quite, se quedó sin impulso en otro, escarbó antes de banderillas, se dolió de ellas, salió algo mugidor y, sin embargo, tuvo motor y música durante la faena.
Brindó al público José Manuel Mas, que debutaba en Valencia y en Fallas. Buena ocasión. Torero nuevo y preparado. Sólo discreto el resultado. No sólo por no rematar con la espada. Sino, sobre todo, por dejarse sentir más tenso de lo que conviene. Le costó llegar en serio al tercer muletazo, y eso que los pegó en línea. Un poco aparatosa la composición de la figura. Una exagerada manera de sacar los brazos como aspas. Gacho, astifino, colorado, con muchos pies, el quinto novillo vino a asentarse, pero a repetir, a la vez, con viveza briosa.
Fue claro. Por abajo lo sometió Mas para templarlo en una tanda poderosa, que fue la primera y la mejor de una faena recargadilla de gestos, de mucho perder pasos, de torear por fuera, periféricamente. Conformista el fondo. Pero guardando las formas. Estudiadas salidas y llegadas, buena manera de pisar y poblar plaza. Una estocada rápida. La única oreja de la tarde. Facilita.
Estreno en Valencia
Nuevo en Valencia era también Miguel Tendero. El lote menos propicio del tesoro de Fuente Ymbro. Un tercero que barría la arena con el rabo e imponía un poco. Y un sexto de embestida franca pero no tan descolgada como la de los demás. A este sexto lo escupió Tendero con el capote y lo toreó de muleta tan en corto o tan encima que el toro dio síntomas de asfixia.
Antes de ahogarse, pareció codicioso. Mientras hubo espacio y movimiento, pudo reconocerse con claridad cuál es el modelo de torero que Tendero tiene en la cabeza: Manzanares. Manzanares hijo. Será, seguramente, su primer émulo. No le llega la copia todavía al original.
Tendero abusó de tapar en exceso al sexto. Y también al tercero. A éste le pegó al ralentí medios muletazos de buen compás. Y en ese turno, antes de abusar de cites retorcidos, llegó a embraguetarse en una tanda de serio dibujo. Hubo desplante a cuerpo limpio, frontal y a pie, arrojando las armas en señal de dominio. Pero no se trataba de eso. Monótona la faena. Como si se cansara el torero. O no se le ocurriera nada.