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La Habana da la espalda a la Asamblea que abre una nueva era

Ayer fue un día histórico en Cuba. Desde muy temprano un cordón policial custodiaba los accesos al Palacio de Convenciones de La Habana, un edificio habitualmente sede de congresos y exposiciones que acogía la sesión plenaria de la séptima legislatura de la Asamblea Nacional.

M. L. G.
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Las oficinas del Parlamento, un amplio edificio situado en el municipio residencial de Playa, también en la capital de la isla, carece de la capacidad suficiente para recibir a los 614 diputados elegidos para los próximos cinco años. Por eso, la reunión de ayer se trasladó al moderno inmueble que tantas veces ha visitado Fidel Castro para presidir reuniones de carácter internacional.

Las calles amanecieron tranquilas, casi indiferentes a la histórica votación que elegiría al sucesor del Comandante. Familias madrugadoras se acercaban a las instalaciones del circo y un parque de atracciones recientemente inaugurado. Esa normalidad contrastaba con el hervidero que se vivía en la sala de prensa habilitada para seguir la sesión por canal cerrado de televisión.

Testigos directos

Centenares de periodistas extranjeros y otros llegados de distintos lugares de Cuba para ser testigos directos del fin de la era de Fidel Castro seguían atentamente el proceso de votación.

La ministra de Justicia, María Ester Reus, presidió el acto. Raúl Castro, vestido de traje oscuro, se sentó en la primera fila, junto a otros dirigentes del Gobierno.

Primero pasó lista y los legisladores presentes fueron poniéndose en pie para mostrar el certificado que demuestra la legitimidad de su elección. Diecieciete estuvieron ausentes pero justificaron su inasistencia, entre ellos Fidel Castro, quien entregó su voto en sobre lacrado a dos de sus colaboradores.