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Estados Unidos se vuelca en el Supermartes

Los norteamericanos están más pendientes de la gran semifinal de las primarias, donde se disputan 24 estados, que de la Superbowl

MERCEDES GALLEGO
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La pregunta era sencilla pero reveladora: ¿Supermartes o Superbowl? La final de fútbol americano se lleva cada año la copa de las audiencias televisivos en EE UU, rondando los 90 millones de espectadores. El doble o el triple que los Oscar, y cuatro o cinco veces más que la final de Operación Triunfo. Los estadounidenses se juntan en las casas para las llamadas fiestas del superbowl, se compran pantallas planas, cajas de cervezas y se disponen a ver un espectáculo que en los intermedios junta a los mejores artistas y los anuncios más caros del año.

Este año, cuando The Washington Post encargó una encuesta con esa pregunta, resultó que más de la mitad de los demócratas y la mitad de los republicanos están más entusiasmados con la gran primaria del martes que con el duelo futbolístico de esta noche.

La campaña electoral se preveía desde el principio como la más disputada de los últimos 80 años por ser la primera en la que no hay un presidente en busca de la reelección o un vicepresidente que intente sucederle. La presencia de dos estrellas del tamaño de Hillary Clinton y Barack Obama, que harán historia en el partido como la primera mujer o el primer africanoamericano en representar al Partido Demócrata en la lucha por la Casa Blanca, ha terminado de conformar el espectáculo.

Es como un reality show lleno de tramas y acontecimientos propios de una teleserie americana de intriga y poder, donde cada capítulo da un giro a la contienda. Y encima el público decide quién sale de la competición. El martes, los electores de 24 estados entrarán en juego para votar en la eliminatoria más famosa y transcendental del país, que está duplicando el número de electores en cada estado y cuadriplicando las audiencias de televisión.

¿Y todos a votar! Son 22 estados para cada partido, pero como no compiten a la vez en los mismos estados, en total son 24 los que tienen la palabra. Más de mil delegados en juego para los republicanos, y cerca de 1.700 para los demócratas. Más que nunca en la historia. Por eso al tradicional Supermartes le llaman este año Tsunami-Martes. Lo normal es que sirviera para cerrar la competición, ya que el primer candidato republicano que obtenga 1.191 delegados y el primer demócrata que llegue a los 2.025 gana la partida, pero este año las primarias han estado tan repartidas que ni Clinton ni Obama podrán sellar la nominación aunque ganasen todos los delegados en juego.

Y encima el cálculo de delegados es tan complejo que cuesta encontrar un consenso. Para Associated Press, Clinton lleva acumulados 236 y Obama, 136. La CNN baja esa cifra a 63, para Obama y 48, para Clinton. Y The New York Times da 34, a Obama y 21, a Clinton. ¿Confundido?

Ellos también. Todo depende de cómo se cuenten las proyecciones de delegados para el condado, el estado la convención nacional, los que tienen comprometido el voto, los que pueden cambiar de opinión, y hasta el de los superdelegados, que no los eligen los votantes sino el aparato del partido.

Basta saber que para los demócratas el premio gordo es California, con 370 delegados, seguido de Nueva York, con 232, e Illinois con 153. Clinton aspira a ganar la mayor parte del voto en los tres. California, gracias a los hispanos, que suponen el 34,2% de la población. Nueva York, porque es el estado que representa en el Senado gracias a dos elecciones bien ganadas, la última en noviembre. E Illinois, porque es su estado natal. Pero Obama representa a este último en el Senado y cuenta con los jóvenes de los otros dos. Sólo en California hay más de 300 universidades, caldo de cultivo para el candidato del cambio. El senador de color también espera tener el voto de sus hermanos de Alabama, Georgia y Tennessee, aunque ninguno llega al 30% de afroamericanos que hay en Carolina del Sur, donde el sábado pasado obtuvo una victoria rotunda.

Los hispanos

Bill Clinton se sentará esta noche a ver la final de la Superbowl con Bill Richardson, gobernador de Nuevo México, que con el 42,1% tiene más hispanos que California. La imagen enviará un mensaje más poderoso que todos los «Sí se puede» de Obama.

Del otro bando, McCain está dispuesto a capitalizar su momentum y dar la estocada final. El respaldo del gobernador Arnold Schwarzenegger le puede servir California en bandeja, como el de Rudy Giuliani le allana el camino en Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut. Su estado de Arizona es un hecho, y por extensión Nuevo México. Romney sólo tiene garantizado el cinturón mormón de Utah y Colorado, porque incluso Massachusetts, donde fue gobernador, está en duda.

Pero si para alguien este día es a vida o muerte es para Mike Huckabee, que tiene en sus plegarias a los evangélicos del sur.

Es la hora de la verdad. Cuando se retiren las olas, habrá que ver quién queda en la playa.