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LUZ CASAL CANTANTE

«Me imaginé calva, sin mama... pero dispuesta a lo que fuera»

Desde que en Navidades le detectaron un cancer de pecho, la cantante ha tenido tiempo de recuperarse y de sacar nuevo disco, 'Vida tóxica' «Me siento obligada a hablar, por toda la gente que me ha apoyado»

ISABEL IBÁÑEZ
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Por vez primera en su vida, lleva el pelo corto. Luz brilla igual que antes porque la fuerza la tiene en los ojos, pero ha tenido que pasar algo como un cáncer en su pecho para que se dejara ver sin su melena. «Aquí estoy, con mi pelillo -dice restregándose la cabeza-. Nunca lo había tenido así. Me llama la atención que la gente me diga que estoy más joven y yo pienso: 'Huy, ¿qué pasa, que estaba muy mayor antes?'. Quizás sea que como tengo tanto y tan negro me hace el gesto más adusto y así estoy más 'limpia'. Pero, como a todo en la vida, le puedes dar una vuelta. O varias. Esto es una nueva experiencia y puede ser chulísimo ducharte y luego no hacer nada. Tardo menos en asearme y... bueno, está bien».

Nunca le ha gustado andarse con tonterías, pero ahora, como a todos los que de golpe -una mala noticia, un mal día, un mal...- se les para el reloj, sabe mejor lo que vale el tiempo. Y no está dispuesta a perderlo. Mucho menos con quejas. Tanto lo ha aprovechado en los nueves meses que ha durado la quimioterapia que esta semana saca nuevo CD. «Lo mejor de toda la enfermedad es que tengo un disco, la prueba clara de cómo me he tomado esto. No me he dejado abatir y he trabajado de manera más disciplinada e intensa que si no hubiera tenido la enfermedad». Y sí, claro que hay que hablar del disco, pero ha sido tal el fenómeno de apoyo generado en la web de la cantante, tantos cientos de mensajes de cariño, que ella sabe que muchas mujeres -y hombres- están deseando oírla hablar de ello. Así que toca preguntar por el cáncer. El domingo pasado fue su cumpleaños: que nació en los 60 es todo lo que se puede decir.

-Felicidades. ¿Cómo lo ha celebrado?

-Bueno, no ha sido un año que deseara celebrarlo de manera especial. Todavía colea cierto cansancio después del disco y lo que me apetecía era quedarme en casa y no hacer nada, ni soplar velas. Pero afortunadamente otras personas pensaron lo contrario y me hicieron una pequeña fiesta.

-Con la que festejar también la salida de Vida tóxica. ¿El título se refiere al tratamiento?

-Creo que no hay un reflejo de mi estado físico, a lo mejor pinceladas. En Sueños raros, la canción final, hablo de los sueños extraños producidos por algunos fármacos, sobre todo al principio, porque no soy nada pastillera y todo me funcionaba amplificado. Hay algunos otros detalles, pero no es un reflejo de que he estado enferma.

-En las fotos ríe.

-Es la parte irónica que le suelo sacar a las cosas, me río de mí misma y de mi situación.

-Y los músicos con los que grabó en Londres dicen que no se quejó ni una vez.

-Es que no me quejo casi nunca. No me gusta el lamento. La queja es una pérdida de tiempo y, si algo he aprendido, es que el tiempo es importantísimo, finito, y si tienes un rato y lo pierdes haciendo tontadas, pensando cosas que te hacen daño... Además, no me podía quejar, porque tuve muchos mimos.

-Fuera pesimismo.

-De «qué palo, qué miedo» no hay nada. Es normal que el título dé pie a pensar que es consecuencia de esta experiencia, pero me lo he tomado como un episodio más. No he dramatizado la situación, y comparativamente sigo siendo una mujer con muchísima suerte. Todos estos meses he recibido mensajes de chicas muy jóvenes, con metástasis, sin una mama, sin las dos... En fin, cosas mucho más graves y situaciones mucho más dolorosas que las mías. Y como yo no he estado tan mal como se presupone... Hombre, te quitan cosas y ya no tengo el brazo como lo tenía, pero lo levanto estupendamente. ¿Mira! (hace una demostración). Puse el título porque la vida es tóxica en general, los productos químicos y la cantidad de cosas que tenemos alrededor, como una noticia en el periódico o la tele; tú no te das cuenta, pero tu cuerpo sí. Y ya te pasará factura.

Incapaz de leer

-¿Cuál ha sido la noticia más tóxica que ha leído durante su recuperación?

-He leído muy poco porque tenía muy poca concentración. Sí he escrito mucho, no sólo lo que está en el disco, sino cosas; acordarme de repente de un encuentro con un colega y echarme a escribir páginas sobre ello. Pero he pasado semanas sin leer un periódico y sin ver la tele, no porque no lo deseara, sino porque no podía. Me ha producido ansiedad la cantidad de libros que me han regalado y he sido incapaz de leer. Sería la quimioterapia.

-Pero sí habrá visto el tóxico episodio del Rey con Chávez. Por cierto, ¿es usted monárquica?

-Para mí la figura del Rey es importantísima, no entro en otro análisis. Ha sido una situación esperpéntica y compleja, pero, cuando yo me siento atacada o estoy enfrente de una persona que dice estupideces, paso de todo y digo: «¿Que te zurzan!». Así que entiendo muy bien lo que pasó.

-El bulto que se descubrió en septiembre de 2006 resulto inofensivo, pero el otro, el que se palpó en Navidades, no. ¿Cómo le cayó la noticia?

-Fíjate lo que es la ingenuidad que produce la ignoracia. Pensaba que me quitarían el bulto y que podría seguir actuando. Me imaginé calva, me imaginé sin mama, me imaginé en todos los posibles estados, pero estaba dispuesta a lo que fuera. Algunas veces he dicho que no le tengo miedo ni siquiera a la muerte, con lo cual te puedes hacer un poco a la idea de que no dije: «Esto se ha acabado ya». Y lo sigo pensando con la misma entereza y fortaleza.

-¿Reaccionó usted como pensaba?

-La verdad es que hay ciertas cosa que hasta que no las vives... Yo tengo mucha capacidad de invención y un don natural de imaginar cómo se siente el otro, pero cuando te pasa es cuando percibes en esencia lo que es la cosa. Es un palo y piensas en los demás, en que van a estar peor que tú. Yo temía decírselo a mi madre, pero me demostró que en eso nos parecemos porque me dijo: «Mira, no sé quién lleva ya no sé cuántos años y no había los inventos que hay ahora». Eso me dijo, ja, ja, ja.

-¿Qué edad tiene ella?

-Pues... exactamente no lo sé, ja ja. Debe andar por los setenta años. Cualquiera sabe.

-Le operaron de urgencia. ¿Qué pensó justo antes de la anestesia y al despertar?

-Pues que todas las personas que más quiero se estaban despidiendo con besos y yo decía: «¿Cómo mola!». Ja, ja, ja. Si acaso, lo peor de todo este periodo fue sentirme frágil y dependiente. Para una persona independiente como yo, que te tengan que ayudar a vestirte, a lavarte, y ver que vas a coger algo y no puedes...

-¿Ha necesitado marihuana para paliar los efectos de la quimio?

-No, he sido escrupulosa seguidora del oncólogo, pero todo lo que sea favorecer el estado de uno, como creo que hace la marihuana, me parece perfecto.

-¿Pidió algo a alguien antes de quedarse dormida? Me refiero a Dios.

-Hombre, yo soy una persona creyente y tengo mis formas que son privadas y no son para contar, pero no. Sólo que saliera todo como tuviera que salir; estaba en manos de profesionales.

Desbordada

-¿Cómo se siente hablando de su enfermedad en una entrevista? ¿Temía este momento?

-No, yo no suelo tener miedo. Desde que supe que estaba enferma, asumí que pertenezco a un grupo de personas afectadas. No es que desee hablar todo el tiempo del tema, pero me siento obligada a hacerlo con la naturalidad que me caracteriza por todas esas personas que me han enviado sus mensajes y están deseando que hable.

-Es curioso cómo se ha creado una corriente de ida y vuelta, con mujeres que le escríbían para enviarle fuerza y que a la vez sentían recibirla de usted.

-Si esta circunstancia por la que he pasado puede servir de ejemplo a alguien, me alegro. Pero el ejemplo mejor, más que cualquier tontería que pueda salir de mi boca, es que tengo un disco. Todo ese periodo que se presupone que estás debil y deprimida, porque hay gente a la que perder el pelo le resulta muy traumático, en vez de dejar que te afecte, le das la vuelta y lo que haces es disciplinarte y exigirte, trabajar aunque sea mermada. Yo salía de la quimio y no me metía a la cama, me iba por ahí y, cuando veía que se me acababa la pila, decía: «No puedo más» y ya me quedaba así hasta que recuperaba la fuerza.