«Intento que la fama me afecte lo menos posible». / L.V.
FERNANDO TEJERO ACTOR

«Espero que ahora la gente se olvide del personaje de 'Emilio, el portero'»

Vuelve a la pequeña pantalla con una serie de humor negro «a la que el público se tendrá que acostumbrar», reconoce

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La vida del actor cordobés Fernando Tejero dio un vuelco gracias a la popularidad que alcanzó con Emilio, el portero de Aquí no hay quien viva. Aquel papel le reportó trabajo en el cine -Días de fútbol, El penalti más largo del mundo, El club de los suicidas-, pero la sombra del célebre personaje no termina de desprenderse.

Ahora el actor ha vuelto a la pequeña pantalla para interpretar de nuevo a un perdedor en Gominolas, la serie de Cuatro sobre los miembros de un grupo de música infantil que saborearon de niños el éxito y veinte años después viven en la marginalidad. Una comedia con tintes amargos, de humor negro, sobre personajes rotos por el temprano resplandor de una fama que les cegó.

A diferencia de su personaje, Fernando Tejero tiene puestos los pies sobre la tierra. Quiere superar los papeles cómicos, y tras estrenar en cine Fuera de carta, pretende producir teatro para abrirse a perfiles más de su gusto. De hecho, el año próximo proyecta formar pareja con Lola Dueñas en una versión de la obra Días de vino y rosas.

-¿Qué le convenció en Gominolas?

-El proyecto. Pensé mucho en la conveniencia de volver a la televisión tras Aquí no hay quien viva. He seguido haciendo cine, teatro, y no tenía muy claro si tan repentinamente debía empezar otra serie. Pero me animó volver a trabajar con Nacho García Velilla. Además, la historia me pareció original y la factura técnica está muy cuidada.

-Gominolas no es precisamente una serie amable ni familiar.

-Es ácida, mezcla humor y drama y tiene acritud. Los autores querían dar un paso más que en Aída, y seguramente el público se tendrá que acostumbrar a una historia tan cañera. Hay que esperar.

-Le ha vuelto a tocar el papel de un perdedor. Parece que los borda.

-No sé si tendré esa cara. Éste es un perdedor distinto porque había conocido el éxito con todas las consecuencias y ha sido víctima de él. Es un papel difícil porque en esta profesión nadie está libre de que te pase lo mismo.

-¿El éxito nubla?

-Suele nublar. En mi caso no imaginaba que un papel pudiera tener ese nivel mediático. De repente bajas a la calle y pasas del anonimato a que te conozca hasta el perro. Yo no estaba preparado para eso. Ayer, al bajar el perro, mientras me llamaban por teléfono para decir que habían matado de dos tiros a un cámara amigo mío, la gente quería hacerse una foto conmigo. Eso es muy duro. Intento que la fama me afecte lo menos posible; me refugio en mi trabajo y en mis amigos de la infancia.

-Y toda esa fama empezó con el portero Emilio de Aquí no hay quien viva. Un personaje que es como su sombra.

-Sí. Sobre todo porque en la calle te lo recuerdan con la frasecita de turno (Un poquito de por favor). Pero ya es distinto porque he hecho mucho cine y aquel personaje se va distanciando. También acepté intervenir en Gominolas para que la gente olvide a Emilio.