Perdonen las molestias

Verde que te quiero lejos

Es inexplicable que se hayan cargado la esquina de la calle Lucano con cuatro carteles publicitarios de estética hortera

Carteles en la esquina de la calle Lucano con la calle Feria ABC
Aristóteles Moreno

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La cordobesa calle de la Feria limita al oeste con la vieja muralla romana y al este con cuatro paneles publicitarios de color verde hortera. La vía desciende blanca y luminosa hacia el Guadalquivir y hasta antes de ayer era el estandarte de uno de los cascos históricos más extensos y mejor conservados de Europa . Hasta antes de ayer, decimos. Hoy una gran superficie comercial, de cuya marca no quiero acordarme, ha pulverizado mil años de historia con una elegancia acojonante.

Lo peor no es el color verde moco que hace daño a la vista y se divisa desde el satélite Meteosat . Tampoco el tamaño grosero y violento que ataca al sentido común. Lo inexplicable es como diablos ha triturado de un plumazo las ordenanzas municipales que regulan el casco histórico y lo protegen contra actuaciones chiripitifláuticas como la que ha arruinado la esquina de la calle Lucano . Esas ordenanzas, por cierto, que usted y que yo tenemos que cumplir con disciplina prusiana y algunos sujetos se pasan por el arco del Portillo.

La cuestión es la siguiente: ¿alguien ha autorizado semejante mamarrachada?¿Algún gerente, algún jefe de negociado, algún concejal? ¿O, por el contrario, el anunciante ha hecho de su capa un sayo? En cualquiera de las dos circunstancias, la autoridad competente debería ofrecer una explicación. Y no cualquier explicación. Una explicación creíble que no se salga por los cerros de Úbeda ni justifique lo que difícilmente tiene justificación.

Córdoba es Córdoba, en gran medida, porque ha logrado mantener su casco antiguo a salvo de barrabasadas como la que se ha perpetrado en la Cruz del Rastro . Mientras que la mayoría de ciudades históricas fueron dinamitando su urbanismo intramuros y sacrificando la cal y la piedra en el cadalso del cemento y la modernidad, Córdoba, por azar o por atraso, conservó la austera belleza de su trama urbana, que hoy celebra medio planeta.

Para eso, precisamente, se redactaron las ordenanzas. Para defender la coherencia arquitectónica de nuestro tesoro patrimonial. Y para impedir qu e un desalmado estampe un bodrio verde chicle en el corazón de Córdoba.

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