Mayo Festivo
Patios de Córdoba 2023 | El Palacio de Viana, la Cátedra en que los patios se polinizan con lo popular
Con sus doce recintos, la gran casa del barrio de Santa Marina se abre como un lugar en que la decoración floral llegó a la excelencia en la variedad y en el gusto
Patios Córdoba 2023 | La guía más completa
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La cabeza se ve rodeada de capiteles, admira los naranjos en espaldera y los jardines cuidados como joyas que se pulen con paciencia de orfebre, repara en las especies que han crecido en el agua y en las que brotan de troncos añosos y se hace preguntas. El que está acostumbrado a conocer patios se los encuentra multiplicados en el Palacio de Viana y a la vez en esencia los mismos.
Con macetas añosas, pero con especies parecidas. Con las diferencias de la monumentalidad y del poderío, pero también con muchas coincidencias y con una cierta tendencia que indica que aprendieron unos de otros. Los que tenían que vivir hacinados y los que disfrutaban de varios dormitorios para una persona.
La pregunta surge allí: ¿imitaron los patios populares a los monumentales del Palacio de Viana o más bien quienes se ocupaba de cuidar los de la casa de Rejas de Don Gome encontraban inspiración en lo que hacían las gentes sencillas y luego lo multiplicaban? ¿O es que los dos se influían mutuamente por venir de un mismo tronco?
Los dos miércoles de los Patios de Córdoba la casa abre de forma gratuita y hace un camino por sus recintos, que a veces parecen hablar el mismo idioma que los del resto de la ciudad y en otras ocasiones vuelan algo más alto, pero sin olvidar las mismas raíces. Y lo hacen de forma alterna, porque al deslumbramiento sigue lo íntimo y a lo único aquello que los populares también consiguieron. Tal vez es que el monumento es la Cátedra de los Patios y acoge una gran parte del saber, aunque haya podido tomar algo de los mucho más humildes.
Al entrar por el Patio de Recibo el palacio parece un mundo distinto al del resto, porque impresionan las palmeras y el espacio por el que entraron muchas veces los carruajes en que los Marqueses de Villaseca y de Viana llegaron de recorrer la ciudad o de llegar a ella. La arquitectura encalada es majestuosa y muchos se fijan en las hojas de acanto y en las altas flores que ya están dando para encontrar algún guiño a los patios de siempre.
Y eso llega algo después en el Patio de los Gatos, que aunque ahora forma parte de Viana en sus orígenes fue popular y eso se nota en la arquitectura común y en las gitanillas que están dispuestas con sencillez en las paredes, como si formase parte, que formaba, de un mundo muy distinto al de aquella casa que hasta tenía un archivo para reunir toda la historia de su familia y de sus posesiones.
En el Patio de los Naranjos los árboles frutales son los que menos llaman la atención. Los colores asaltan y los que aman los detalles se sorprenden con los nenúfares y con las calas blancas que crecen no el suelo, como siempre, sino en raíces que están junto al agua, jugando con los estanques. Las glicinias y los colores asaltan y el suelo de jardín hace volver a un mundo distinto.
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El Patio de la Reja está pensado para verse desde fuera, desde la confluencia entre Rejas de Don Gome y Muñoz Capilla, y es monumental como todos los demás. Allí reinan las centáureas, una planta de hojas blancas y flores amarillas que venía del Palacio de Moratalla y que de ser un emblema de Viana pasó a llenar los patios populares y muchas casas de Córdoba. Las más antiguas, con troncos ya retorcidos por los años que van cayendo, tienen que estar en alto para que no topen con el suelo. Muchas veces están sobre capiteles antiguos.
Los cipreses
El punto más alto es tal vez el Patio de la Madama, al que incluso Pablo García Baena dedicó un poema, y que está hecho, dicen quienes conocen la casa, para admirarse desde dentro. La riqueza de la vegetación admira, pero no menos que la capilla de cipreses que venera en su interior a una imagen, porque es el lugar de la serenidad para quienes recorren entre el asombro todas esas estancias al aire libre.
El Patio de las Columnas, el más conocido, es también el más reciente y se construyó en la década de 1980. Tiene muchas de las señas de identidad de la casa, pero ya en aquella época hay cierto eco de los patios más populares, en la buganvilla y en la forma de disponer las macetas.
La impresión es, por el momento, breve, porque por allí se sale de nuevo al jardín, a la evocación de una vida ya pasada en que uno de esos palacios era una especie de ciudad dentro de Córdoba y las campanas de Santa Marina eran como la evocación del pueblo de al lado.
La arqueología desborda en muchos lugares y se hace protagonista o sirve para ensalzar las plantas que dan carácter a la casa
Vuelve lo popular en el Patio del Pozo, que está en torno al brocal con plantas sencillas, pero también en el de los Jardineros. Es algo estrecho, pero ya deslumbra con la celestina o jazmín azul que ha empezado ya a florecer. Por eso ya no reinan en la pared el verde y mucho menos el blanco: el color azul celeste lo llena todo con la fuerza hipnótica de aquello que a fuerza de ser efímero quiere hacerse eterno en la mirada del que lo visita. Aquí están otra vez la influencia mutua entre los patios sencillos y los de la gran casa del barrio de Santa Marina, aunque a esas alturas la cabeza ya ha dejado de preguntarse por la precedencia.
Va acabando la visita en el Patio de la Capilla, que combina la arqueología con los árboles y que es recogido e íntimo como una prolongación del mismo espacio sagrado que le da nombre. A cierta distancia queda el del Archivo con sus mandarinos y abierto a la luz de un día de calor algo clemente.
Se han recorrido los doce y es más fácil pensar que unos y otros fueron polinizándose mutuamente: había plantas que iban de Viana a las casas más sencillas, miradas atentas que copiaban lo que podían y jardineros profesionales de la casa que tomaban nota de lo que podían ver para incorporarlo. «Como la planta nueva crece en suelo amigo», que habría dicho Luis Cernuda.