Sanidad
De hospital de sangre a la salud del siglo XXI: el camino de Cruz Roja en Córdoba
Hace noventa años la Reina Victoria Eugenia inauguró el sanatorio, que no ha dejado de adaptarse a lo largo de las décadas
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Antes que la calle Cairuán con sus estanques, que la muralla reconstruida y que el barrio que creció en torno a calle Doctor Fleming, en las fotos que dicen que aquello era campo, ya están la Puerta de Almodóvar y el hospital de la Cruz Roja, con la impronta reginoalista de su arquitectura que parece tan integrada en el paisaje como las iglesias fernandinas.
La ciudad creció hacia el oeste a su alrededor, pero aquel edificio, uno de los primeros centros sanitario moderno de Córdoba, sigue allí, dando la espalda al campanario de la Mezquita-Catedral y con parecida vocación a la que tenía cuando se levantó, hace ahora noventa años. El 31 de enero de 1933 la reina Victoria Eugenia inauguró el nuevo edificio, que no era, sin embargo, el primer centro de Cruz Roja.
Fernando Veloso, administrador y gerente del hospital durante casi 34 años, explica que Cruz Roja abrió su primera casa de socorro en Córdoba el último día del año 1889. Estaba en la calle Encarnación, muy cerca de la Mezquita-Catedral y en 1909 pasó a ser también un dispensario antituberculoso, puesto que en aquellos años había mucha presencia de esta enfermedad.
La palabra hospital apareció por primera vez en el año 1921, cuando Cruz Roja construyó lo que entonces se llamaba un hospital de sangre, que tenía que atender a los heridos que arrastraban problemas de la guerra que entonces libraba en España en el norte de Marruecos. «Estaba en la huerta de los Trinitarios, junto a la muralla del Marrubial, pero después pasó a la calle Montemayor, cerca de la Trinidad», recuerda. Cincuenta enfermos procedentes de Melilla fueron sus primeros pacientes.
En sus comienzos, el centro atendía a personas que podían pagar y a pobres que no tenían recursos
Cruz Roja seguía creciendo y se puso el proyecto de levantar un nuevo edificio, que tenía que costar 900.000 pesetas. Había que buscar dinero y para eso hubo muchas iniciativas. En 1927, el político José Cruz Conde, que había sido alcalde de Córdoba y entonces era gobernador civil de Sevilla, organizó una corrida benéfica de toros que ayudó a conseguir el nuevo hospital, que ofrecía una amplia cartera de especialidades.
En aquellos primeros momentos Cruz Roja se dividía en tres partes, cada una con su nombre y con sus fines. El sanatorio atendía a personas que podían pagar la estancia y la atención de médicos y cirujanos, como siempre había sucedido.
Precios
Las condiciones se publicaron y llamaba la atención que no se atendía enfermedades contagiosas ni mentales. Una operación costaba entre 50 y 150 pesetas y la estancia en las habitaciones era de 10, 12 y 15 pesetas, incluida comida y algunas curas.
También tenía una importante vocación asistencial a los desfavorecidos. Para eso estaba el hospital, que era un pabellón que guardaba todas las condiciones higiénicas y sanitarias y allí se hospitalizaba a los enfermos pobres y a los que necesitaban atención y no podían pagar un médico en los años en que no había asistencia sanitaria universal.
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Tenía 16 camas. La tercera zona era el llamado dispensario, en que se atendía sin hospitalización y también de forma gratuita a quien lo necesitaba.
Desde aquellos primeros años hubo en el hospital religiosas que participaban en la asistencia a los enfermos. Como recuerda Fernando Veloso, era una época en que no había demasiadas enfermeras ni profesionales sanitarios, ni tampoco escuelas en que pudieran formarse, y las monjas podían hacer este trabajo. Las Hijas de la Caridad estarían en Cruz Roja realizando distintas labores hasta el año 2010.
La fachada inconfundible se mantuvo siempre, pero mientras la ciudad crecía también el hospital Cruz Roja se iba renovando. Cada cierto tiempo había ampliaciones que mejoraban las habitaciones e instalaciones del hospital, como explica Fernando Veloso.
Las hubo en 1953 y en 1968, pero el antiguo gerente señala como fundamental la que comenzó en 1987, porque no fue sólo una renovación del edificio, sino también del mismo concepto de la asistencia y de la relación con los pacientes.
«El hospital estaba en obras y necesitaba ampliación, porque estaba anticuado en medios e instalaciones. La asamblea provincial de la Cruz Roja hizo un proyecto de remodelación, lo presentaron en Madrid y la asamblea nacional dijo que no era el momento», relata el antiguo gerente, que ya trabajaba en el centro en aquel momento.
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No fue un 'no' definitivo, porque la decisión se reconsideró con tres condiciones. Debía tener demanda social, «y en aquel momento en la sanidad privada en Córdoba sólo estaban el hospital San Juan de Dios, especializado más en lo traumatológico, y algunas clínicas muy pequeñas», debía ofrecer calidad asitencial y ser autofinanciable. Se hizo un plan, la consultora Artur Andersen dijo que sería viable económicamente y se buscó la forma de conseguirlo.
El hospital Cruz Roja hizo entonces una alianza con las compañías de seguros de salud. Estas firmas necesitaban en Córdoba un centro sanitario privado para ofrecerlo a los pacientes que tenían que contratar sus pólizas y Cruz Roja necesitaba crecer.
Así que concedieron un crédito sin intereses, que la institución pagó en cuatro años sin problemas, para renovar y mejorar el hospital. En febrero de 1987, tras un tiempo en que la actividad tuvo que ser algo más reducida, porque se tiraron las dos alas laterales, el centro sanitario abrió sus puertas de nuevo con mejores instalaciones y hasta ochenta camas.
Se había dado un salto de calidad. Las compañías, que ya podían ofrecer a los pacientes habitaciones para un solo enfermo y con cama para el acompañante, también captaron a médicos que trabajaban en la sanidad pública para que prestaran su servicio también allí, porque «apenas había médicos privados puros y duros».
La reforma de 1987, pagada con un crédito de las aseguradoras, fue el comienzo de la gran modernización
Entre 1989 y 1990 comenzó a trabajar allí Manuel Concha, que en su calidad de cirujano cardiovascular había realizado en el hospital Reina Sofía los primeros trasplantes, y lo mismo hizo Carlos Pera, especialista en Cirugía Hepática y Digestiva.
El ginecólogo Balbino Povedano fue durante bastantes años presidente de Cruz Roja y participó en el crecimiento de aquel tiempo. La siguiente reforma llegó muy pronto y fue producto precisamente del éxito: entre 1993 y 1994 se pasó de 80 a 130 camas.
Nuevos servicios
Su actual director gerente, Luis Luengo, explica que el hospital Cruz Roja es hoy un centro que puede ofrecer muchos aspectos atractivos a los pacientes que necesiten tratamiento privado, y uno de ellos es la practicidad y las distancias. Al no ser un edificio excesivamente grande, la atención es sencilla y el camino entre unos servicios y otros es más o menos fácil.
Ya no tiene maternidad, uno de los servicios clásicos a lo largo de bastantes décadas, pero sí consultas externas, que era, precisa Luis Luengo, una demandad e los pacientes. Cuando tiene que hablar de las especialidades más importantes, el gerente se refiere a Cardiología, Neurología, Neurocirugía, Medicina Interna y Traumatología.
Hace dos años abrió el Instituto de Neurociencias, una amplia instalación en el hospital en el que se investigan este tipo de enfermedades y se ayuda a las personas que sufren el efecto de alguna de ellas, con especial atencion al ictus. Por eso hay profesionales de varias ramas de la medicina, como se puso de manifiesto durante su inauguración.
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Entre 10.000 y 15.000 personas pasan al año por el hospital Cruz Roja, que ha visto en sus noventa años cómo se ha multiplicado la sanidad pública, a partir del complejo sanitario Reina Sofía, y también la privada, con San Juan de Dios y Quirónsalud, y que hoy continúa creciendo y renovándose sin perder el carácter de ser el más antiguo en funcionamiento de la ciudad.