Contramiradas
Eugenio Domínguez, ex rector de la UCO: «En Córdoba se le dispara a quien levanta el vuelo»
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La primera vez que Eugenio Domínguez (Sevilla, 1946) llegó a Córdoba para dar clases de Biología era un milagro conseguir un teléfono. Eran otros tiempos. Principios de los 70. En enero de 1978 regresó otra vez, ya con plaza de agregado. Entonces su vida empezó a girar: director de los colegios universitarios, decano, vicerrector y, finalmente, rector de la UCO entre 1998 y 2006. El día que ganó las elecciones sintió vértigo. «Me acojoné», confiesa 24 años después delante de una cerveza fresca en el Gran Bar de las Tendillas.
-Un ex alumno suyo dice de usted: «Brillante, valiente, respetuoso, inconformista». ¿Exagera?
-Con lo de brillante sí. Con lo demás se acerca a la realidad.
-¿En cuál de los cuatro adjetivos se reconoce?
-Quizás en el de valiente.
-Los valientes son los primeros que mueren en el campo de batalla.
-Exacto. Pero debo ser como un gato. Me han matado moralmente muchas veces. Sobre todo, con un tema que no acepto.
-¿Cuál?
-La traición. Me he sentido traicionado algunas veces.
-¿Y cómo lo ha digerido?
-Mal. Pero los cabreos me duran 48 horas.
-Hace exactamente 16 años que dejó de ser rector de la UCO. ¿Duerme más tranquilo?
-Es que luego me he metido en una serie de líos que no sé qué decirle. He sido otra vez rector. La gente me decía: «Tú eres el birreactor». Y ha sido el gran error de mi vida.
-¿Ser rector de la UNIA?
-Ser rector sin ser elegido. Pensé que se podía aplicar la misma filosofía de las universidades clásicas. Pero encontré una oposición tremenda dentro y fuera.
-Su poder no era soberano.
-En absoluto. Aguanté por lealtad política y me fui por lealtad política.
-¿A quién?
-A Susana [Díaz]. Y luego me desilusionó un poco. El día que tomó posesión mi sucesor, que era un consejero que había que colocar, me quedaban dos meses y quería irme cuando me tocaba. Se acercó Susana y me dijo: «Muchas gracias por lo bien que lo has hecho y las facilidades que has dado. Tenemos que sentarnos y charlar. Te voy a llamar y vienes a San Telmo». Todavía estoy esperando a que me llame.
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-Y no le dolió su derrota.
-Sí, pero no creo que fuera ella la derrotada. Fue una idea y un concepto. Me dio una palabra y no la cumplió. Las personas en la política no valen nada. Cero patatero.
-¿Cuál es la marca Domínguez de gestión?
-Me veía como un reformista de la UCO. Luché contra un defecto de esta ciudad: gallo que vuela a la cazuela. Aquí a quien levanta el vuelo hay que dispararle. Y, mientras menos hagas, mejor. Puse en marcha varias ideas y fueron a por ellas. Córdoba es muy complicada. Y uno termina siendo cordobés. Imbuyéndose de ese espíritu.
«Susana [Díaz] me dio una palabra y no la cumplió. Las personas en política no valen nada. Cero patatero»
-Usted se siente cordobés.
-Más que sevillano.
-Y también dispara a los gallos que vuelan.
-Últimamente sí. Me he infectado. Yo escribí un artículo diciendo que en Córdoba, además de patios, flamenquín y salmorejo, habría otras cosas que poner en valor.
-¿Por ejemplo?
-Por ejemplo, la historia. El papel de la gente que ha estado en puestos importantes en el siglo XIX o XX.
-¿La historia no se ha puesto en valor aquí?
-No. En absoluto. ¿Aquí qué vendemos? El flamenqueo y el salmorejo. Pare usted de contar.
-¿Y qué se dejó en el tintero?
-Haber convertido la UCO en el modelo anglosajón.
-¿Qué modelo es ese?
-El modelo departamental. Los núcleos centrales del poder científico residen en los departamentos y no en las facultades, como sucede aquí. Seguramente estaba equivocado. En Cataluña están las mejores universidades de España porque entendieron ese sistema.
-¿En Andalucía caben once universidades?
-Eso lo dije una vez y casi me queman en la plaza pública.
-¿Qué dijo?
-Que sobraban universidades. Y lo dije siendo rector de la UNIA. El Ayuntamiento de Baeza me declaró «persona non grata».
-¿Cuántas universidades dejaría usted?
-De verdad, de verdad, de verdad, y me van a mandar a tomar por saco, hay tres grandes universidades en Andalucía. Granada, Sevilla y Málaga. Málaga ha pegado un tirón tremendo.
-¿Hacia dónde va la educación pública en este país?
-Los poderes políticos tienden al favorecimiento de la privada en España. A mí no me gustaría verlo.
-¿Y si debilitamos la pública qué perdemos?
-Perdemos la igualdad de oportunidades. Pero soy partidario de la igualdad en función de la capacidad intelectual de los individuos.
-Cuando era rector, gobernaba Córdoba Rosa Aguilar, el empresario modelo era Rafael Gómez y la principal entidad bancaria estaba en manos del cura Castillejo. Menudo gazpacho.
-Sí, señor. Tenía que hacer unos equilibrios de narices. Pero, sin embargo, con el Ayuntamiento llegué a una fusión de forma de pensar tan grande con Rosa Aguilar que ahora es una de mis grandes amigas. Ha sido muy desaprovechada. Sé que tiene muchos enemigos y malos prontos. Pero, para mí, es la política que potencialmente podría haber dado más juego.
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-¿Desaprovechada? Ha sido consejera y ministra.
-La cambiaron de Consejería y estaba bien donde estaba.
-¿Cómo navegaba usted en aquella Córdoba tan rarita?
-Pues mire: con el cura presentándome tal como era y llegando a la conclusión de que terminaba respetando a todo aquel que no le lamía la mano. Y terminamos con una relación bastante fluida. Él sabía que yo no tragaba carros y carretas, y yo sabía que él era un hombre poderoso y que tenía la llave de muchas cosas. Rafael Gómez es una circunstancia de Córdoba. Es algo de difícil comprensión pero ocurrió.
-Y convivió con los poderes políticos.
-Y sé que todos los poderes políticos, desde una punta hasta otra, fueron ayudados por él.
-¿Qué tipo de ayuda?
-[silencio]
-¿Qué queda de aquella Córdoba?
-El entusiasmo por ideas que luego no se ven reflejadas en el empuje para ponerlas en marcha. Ocurrió con la Capitalidad Cultural y me temo que puede ocurrir con los proyectos en marcha. En los últimos 20 años he visto progresar muy poquito a esta ciudad.
«Todos los poderes políticos, desde una punta a otra, fueron ayudados por Rafael Gómez»
-¿Le ha tentado la política?
-Me han tentado varias veces, pero no he querido entrar.
-¿Por qué?
-Primero, porque entiendo que la política cambia a la gente. Y segundo porque la persona más lista de mi entorno, mi mujer, me ha dicho: «No te metas».
-Ser rector es una forma de hacer política.
-Sí, pero con otras armas y con otros tipos de controles. Y con límites temporales.
-¿Imaginó una Andalucía con mayoría absoluta del PP?
-Ha sido una sorpresa, pero me lo temía.
-¿Por qué?
-Se han hecho algunas cosillas y se ha gobernado de cierta manera.
-¿Qué cosillas?
-Hemos vivido mucho tiempo en la complacencia de que la gente en Andalucía era progresista y de izquierdas. Se ha gobernado más de cara a ganar que en seguir el pensamiento de los ciudadanos.
-¿Es un cambio de ciclo?
-La política en España es absolutamente reversible. Y yo me estoy volviendo conformista y con que me aseguren la pensión tengo suficiente.
-¿No era usted inconformista?
-Lo estoy perdiendo. Eso va con la edad y con el terror de lo que pueda ocurrirle a mis nietos.
-Es usted experto en gestión de residuos radiactivos. ¿La nuclear es la energía del futuro?
-Es la energía del presente. Se está trabajando en mini reactores nucleares y la fusión. Sin la nuclear no podríamos vivir. El tema del gas es uno de los grandes errores de la UE.
«Dije una vez que sobraban universidades en Andalucía y casi me queman en la plaza pública»
-¿Y qué hacemos con los residuos radiactivos?
-Igual que con los muertos: enterrarlos.
-¿También los de alta actividad?
-Teníamos un proyecto y encontramos una solución: el almacén temporal de residuos de alta actividad. Encontramos un sitio y estaban de acuerdo, pero se decidió finalmente que no se hiciera.
-¿Vendrán a Córdoba esos residuos?
-Yo creo que no. Creo que Córdoba está pagando su cuota parte de responsabilidad ya.
-También es experto en cambio climático. ¿El planeta tiene arreglo?
-El planeta tiene su sistema para equilibrar sus circuitos. Si para equilibrarlos tiene que desaparecer la especie humana, pues bueno. Ya vendrá otra que ocupe nuestro lugar.
-Es doctor honoris causa de la Universidad de la Aviación de Kiev. Quién lo iba a imaginar.
-Estoy sufriendo mucho porque el rector lo ha pasado muy mal. Lo tuvimos que ayudar desde aquí porque tuvo que huir a Chequia con lo puesto y su mujer. Vivían en una pensión con lo que ganaban de limpiar las escaleras.
-¿De qué no se jubilará nunca?
-De lector y de escritor. Y de abuelo. Por primera vez, me he dado cuenta de que hay una gente que lleva un trocito de mí.